Bienvenidos a este emocionante audiocuento de El Soldadito de Plomo. Acompáñanos en esta historia llena de valentía, amor y destino.
En una ciudad fría y remota, un niño obtuvo como obsequio de cumpleaños una caja repleta de soldaditos de plomo. Todos eran iguales, a excepción de uno que poseía una única pierna. A pesar de su diferencia, el soldadito permanecía constante y orgulloso, como si nada pudiera suplantarlo.
Desde su posición en la repisa, el soldadito de plomo contemplaba con admiración el entorno que lo envuelve. Específicamente, quedó cautivado por una bella bailarina de papel situada en un castillo de cartón. Ella se mantenía de pie con un solo pie y con elegancia extendía sus brazos. El soldado consideró que, al igual que él, poseía una única pierna y experimentó un afecto especial por ella.
Cuando la noche cayó y todos dormían, un duende travieso que vivía en la caja de juguetes se burló del soldadito y le dijo:
—¡No deberías mirar a la bailarina! Ella no es para ti.
El valiente soldadito no respondió, pero en su corazón sintió que su amor por la bailarina era verdadero. A la mañana siguiente, una ráfaga de viento lo empujó por la ventana y cayó a la calle. Dos niños lo encontraron y lo colocaron en un barquito de papel, que flotó hasta las alcantarillas. A pesar de las aguas turbulentas y la oscuridad, el soldadito de plomo no perdió la esperanza.
El barquito navegó hasta un canal más profundo, donde una rata enorme le exigió un peaje para pasar. Pero el soldadito siguió su camino sin responder. Las aguas lo llevaron más lejos hasta que un gran pez lo devoró. Todo parecía perdido hasta que un pescador capturó al pez y lo vendió en el mercado.
El destino determinó que la familia del pequeño adquiriera ese pez, y de esta manera, el soldadito volvió a su hogar. Otra vez fue ubicado en la repisa, justo frente a su amada bailarina. Su corazón de bronce se inundó de felicidad.
Pero el destino tenía otros planes. Sin darse cuenta de su valor, alguien lo arrojó a la chimenea. En medio de las llamas, el soldadito de plomo no se derritió de inmediato. Miró a la bailarina por última vez y ella, llevada por el viento, cayó junto a él en el fuego. Ambos ardieron juntos, y cuando la chimenea se enfrió, solo quedó un pequeño corazón de plomo en medio de las cenizas.
Moraleja del Cuento
El Soldadito de Plomo nos enseña que el auténtico coraje no se encuentra en la fuerza física, sino en la solidez del corazón. Pese a los obstáculos, mantenernos leales a nosotros mismos y a lo que queremos es lo que verdaderamente nos convierte en valientes.
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