Era la noche del 31 de octubre en Villa Calabaza. Carlos y su hermana, Aryna, se habían disfrazado de valientes exploradores espaciales. Su misión no era solo recoger dulces de casa en casa, sino también proteger su tesoro más preciado: ¡la enorme calabaza gigante que su papá había tallado, que brillaba con una luz mágica desde la ventana!

Antes de salir, su mamá, a quien ellos llamaban cariñosamente la «Guardiana del Patrimonio», les dio una última advertencia, sosteniendo una linterna que proyectaba sombras misteriosas:

—Recuerden, en una noche de tantas travesuras, siempre debe haber previsión de riesgos. ¡No quiero sustos inesperados que afecten nuestros planes!

Carlos, emocionado, revisó su mochila. Aryna se ató los cordones de sus botas espaciales. Ambos salieron con la promesa de regresar con la mochila llena y la calabaza a salvo.

Capítulo 1: El Desastre del Gato Negro

La noche avanzaba fantásticamente. La cesta de dulces (su «activo principal») de Carlos y Aryna estaba casi llena. Habían conseguido caramelos de chocolate y goma de mascar, suficientes para una semana.

Pero al tomar el atajo por el viejo jardín, una sombra negra cruzó la calle rápidamente: ¡era el famoso Gato Negro de la Mala Suerte!

El Gato Negro saltó sobre la valla. Carlos, al intentar esquivarlo, tropezó con una raíz de árbol y su precioso casco espacial, que era parte de un disfraz costoso, se partió en dos. El susto no terminó allí.

Momentos después, al cruzar el pequeño puente del jardín, el Gato Negro rozó el cordón de Aryna. Ella cayó, y su bolsa de dulces se desparramó por el césped húmedo. La mayoría de los dulces se mojaron, ¡una verdadera pérdida de activos en el mundo de Halloween!

Los niños estaban desolados. El casco de Carlos era irremplazable y los dulces de Aryna se habían arruinado.

—¡Ay, no! ¡Todo se arruinó! —se lamentó Carlos.

Capítulo 2: El Plan de Protección Familiar

La Guardiana del Patrimonio, alertada por los gritos, llegó al jardín. Al ver el desorden, encendió su linterna y, con calma, les dijo:

—Tranquilos. En una noche de riesgos como esta, es clave tener un plan B. El Gato Negro (los imprevistos) siempre aparece, pero la familia está protegida con dos escudos:

  1. El Seguro del Tesoro (Seguro de Hogar): «Imagina si, en lugar del casco, hubieran caído sobre la calabaza de papá, rompiéndola y quebrando una ventana. Ese sería un accidente inesperado y muy costoso. Nuestro Seguro de Hogar se encarga de la reparación sin tocar nuestros ahorros para el viaje de Navidad. Es nuestra gran muralla de protección familiar
  2. El Cofre de Previsión (Fondo de Emergencia): «Y para las cosas pequeñas, como un disfraz roto o unos dulces perdidos, tenemos el Cofre de Previsión

De un armario, la mamá sacó una caja secreta con dulces extra (el Fondo de Previsión) y un kit de reparación.

—Gracias a esta previsión financiera, un simple accidente de Halloween no se convierte en un desastre financiero en casa —explicó la mamá.

Conclusión: Noche de Paz y Patrimonio

Carlos y Aryna pudieron arreglar rápidamente sus problemas. Gracias a la planificación de su mamá, la noche de Halloween terminó felizmente, con la calabaza gigante a salvo y los niños comiendo sus dulces de Fondo de Emergencia.

Aprendieron que en la vida, al igual que en Halloween, no se trata de evitar el Gato Negro, sino de tener la protección familiar y el Seguro del Tesoro listos para cualquier susto. Así se disfruta la noche con verdadera tranquilidad.

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